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Un remix de “Cloreen” de Prince junto a “Dis” de DJ. T.
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prender
Apagar la tele. Apagar el teléfono. Apagar la música. Apagar y prender. Prender la vista. Prender lo que rodea. Prender el tacto del sillón donde me siento. Prender. Olvidarse del después. Olvidarse del quizá. Olvidarse de ayer. Ya no queda tiempo para frenar, hasta que frenas. Esta lleno de lugares mejores que este. Hasta que estás acá. Mirar las manos. Mirar los pies. Sentir el espacio que ocupa el cuerpo. Soltar el último aire. Inspirar el primer aire. Despertarse al presente.
Es la primera vez que estoy acá. Y la última.
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@tatusloizaga @exploizaga la mama de @lolette12, chuni,madre Ana y yo bebe. Foton. Luego llegó @naniloi al mundo. 1983 debe ser esto. (Taken with instagram)
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si no tuviera tiempo que perder
Si no tuviera tiempo que perder, escribiría esto:
Ya el amor dejó de significar y no me quedan medias limpias.
El piso de madera es cómodo para la piel.
Ella se fue el domingo, se llevo el significado de eso, que no quiero volver a decir, que me había hecho olvidar un poco las responsabilidades de vivir, del trabajo.
Viví otra vida por dos años.
Eso es lo que parece.
El mismo nombre, José y el documento igual, pero fui otro, liviano y feliz.
Ahora me pega un rayo de sol que se aprieta por la ventana y me acaricia la cara con calor, la primavera llegó, ella se fue, y parece que el sol siente lástima por mi.
Entra un brisa por la ventana, mueve las cortinas blancas, finas y transparentes; que lento y frágil parece todo. Tan quieto. Tan vacío. Todo empieza a tener otro significado, el de antes, pero con olor a…, pero con ganas de…, ella. ¿Donde esta la Flor?
Tarde mucho en responder.
Dos años, y la conocía hace seis, pero fue hace dos años que la quise para mi, como cuando eras chico y veías una vidriera y tus padres te tiraban del brazo pero te quedaba impregnado el espíritu de algo que ya sabias que querías y que de alguna manera ya sabias que por quererlo tanto lo ibas a conseguir. Así fue con ella. Me distraje un segundo y mire sin querer su sonrisa y sus ojos brillando en el Parque las Heras, después de caminar hablando de los planetas, los inventos y los duendes.
Flor – Si eras duende en otra vida, ¿Que signo eras? Eso no entiendo de los duendes, no creo que tengan los mismos signos que nosotros, no se, pero la idea de escuchar un duendecito verde ahí en le bosque fumando pipas largas y diciendo “Soy un típico Capricornio, si si, tierra vieja…”. No… no.
Y yo que la miraba serio, y cuando me miraba le sonreía. Atrapado. Ella bien podría haber sospechado algo. Porque después me dijo que si hubiera sabido, nada hubiera pasado. Pero me gusto desde ese día.
Yo le respondí – Los duendes tiene los mismo signos que nosotros, igual que lo tiene una ballena que nace el 29 de agosto, es una ballena de virgo, y va a ser mucho mas cínica que una de mayo.
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Viaje privado en un taper de azulejos
Mi imagen y yo. Veo mi cuerpo, critico y luego acepto. Me pongo a pensar en todas las cosas que me pongo a pensar. El baño empieza antes del baño. Prendo la ducha y el agua logra callarme un poco con su “shhhh” constante. Preparo los niveles para el despegue. Lograda la temperatura ideal, que nunca es la misma, me meto un pie a la vez. Ahora todo lo que importa es bañarme, limpiar todo, sobretodo la cabeza. Me gusta mucho el ejercicio que cada vez práctico con más seriedad, pero más relajado al mismo tiempo, limpiar las tensiones, limpiar la ansiedad, sacar todo, que el agua me limpie por dentro. El silencio llega. Detengo todo, disminuyo la velocidad a cero en mi cabeza, sin forzar, simplemente concentrándome en no concentrarme más en lo que estoy pensando, pero sin dejarme llevar por lo que pienso. Trato de ganarle al envión mental que se construyó a lo largo del día. Me acuerdo de la charla de ayer. Lo real vs. Lo verdadero. Es real que tengo emociones y pensamiento dentro, pero es verdadero que en el presente me estoy bañando y que pensar todo lo que pienso construye ansiedad, no resuelve, me separa de la ducha. Me concentro en la ducha, me acuesto en la bañadera, miro mi cuerpo, recostado, mojado, mi vida, la ducha, el agua me molesta los ojos, lo único que pienso es eso, ya no tengo problemas, lo único que estoy pensando es en el agua y las gotas que rebotan y se meten en mis ojos. Corro la cabeza hacia la derecha, miro el azulejo, me parece desconocido, nunca lo había visto tan detenidamente, esta ahí, colocado, cuadrado, mojado, cientos de gotas se aferran, mueven y caen, encuentro paz en un azulejo, es tranquilo, simple, esta ahí, quieto, en silencio, es un azulejo cuadrado de color gris. Todo se resume a eso. A mirar relajadamente la existencia in-permanente que me rodea, la tranquilidad e inmensidad del presente. Me encuentro tranquilo debajo del agua. Ya no esta esa vos en mi cabeza que dicta, idea, critica, planea, ríe, relaciona, reclama, piensa, corre, valora, engrandece, salta, imagina. Su vos, mi vos, ese reflejo, el hábito mental de recontrarepensar todo se disuelve en la atención completa al presente abierto. Importa no darle importancia a lo que pienso. Me acuerdo, tengo cosas por resolver, se dispara la mente a pensar en la agenda laboral, me acuerdo que me estoy bañando, que no solo es imposible que resuelva algo desde acá, sino que lo más importante no es mi trabajo, ni nada en este momento, lo más importante es el baño que me estoy dando. Me callo por otros segundos. Todo esto sucede una y otra vez, pienso y después recuerdo la importancia de no darle importancia al hábito mental, y me relajo, atento al presente, me callo, y escucho, viene algo, pienso, suelto, se va. Medito. Me bañé.
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En un momento fue así.
Se juntaron, se pusieron a charlar como amigos, que ya lo eran desde hacia rato, rato siendo varios años. Hablaron con palabras normales, las que siempre se usaron en esa época, pero las combinaban de forma reversible, o… de una forma … que … A esa reunión, le pusieron en un momento, La ultima cena. Pero siempre tuvo el carácter de charla, solo que reverberó por un par de miles de años. Como otra famosa charla de amigos. Sin la responsabilidad del futuro esa noche, en ese momento, ellos, eran amigos presenciando algo sin agregados magníficos. Eran amigos dialogando, un tal Fedro, Platón, Sócrates y otra gente con nombre raro. ¿Ellos sabían lo que estaban perpetuando? ¿Ellos sabían que hoy iba a hablar de ellos y ustedes los iban a reconocer como grandes filósofos? No creo. o pareciera que lo hicieron sin ningún orgullo o soberbia visible. Y creo que un poco nosotros, hoy, y como hoy cualquier otro día también, nos juntamos a hablar y escribir, o escribir y hablar y no lo hacemos pensando en su eco, en su reverberancia, sino como parte de disfrutar el proceso artístico y creativo. Crear el momento que estamos creando acá. Y creo que lo mas importante de esto es que escuchamos al otro con un oído puro, y hablamos con una lengua nueva, porque es nueva, y no sabemos su futuro, su peso, su paradigma, porque lo que busca es … buscar.
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Un Pincel
O bella dama, dime en realidad quien eres. Soy un pincel Raúl, y tu me estas pisando fuerte, muy fuerte. Si tu eres un pincel yo soy el caballo del cual le sacan los pelos para hacer tu cepillada más fuerte. En ese entonces los caballos nos eran cosa común en el barrio de Andalucía, por lo que un misterioso escalofrió subió drásticamente por la madera del pincel, haciéndolo retorcer, convirtiéndolo en un rulo, un rulo de mil tres vueltas. El caballo se rió, levanto sus patas y hecho a correr por la barrosa Andalucía sin el permiso del agitando alcalde, que sin voz, intentaba gritar las ordenes de “…ghg…” imagínense la cara de frustración de los inútiles policías que miraban absortos el espectacular movimiento de labios del alcalde Gutierres, los movía intensamente de izquierda hacia arriba y luego pegaba una enorme curva el labio superior hacia la derecha para bajar y dejar caer varias gotas de baba al piso, gotas gordas y rechonchas, llenas de odio y malentendido, otras gotas salpicaron hacia la cara de los policías que veian toda la situación entre el espanto y el improvisto ataque de risa de fuerza abrumadora; abrumadora para la capacidad pulmonar reducida por el continuo acto de fumar Parisienes vencidos; tal risa escalo en una tos grupal y galopante, todos en el mismo cuarto de oficina, viejo, dejado caer sus pizarras de corcho maloliente y podrido por la humedad sin reparar de las últimas ciento veinticinco tormentas que invirtieron provechosamente en humedad y dieron un rancido color amarillo a toda la habitación. Tos, escupidas, y un caballo desenfrenado cabalgando por las borrosas calles de Andalucía, sin dirección, sin saber que en la próxima esquina se iba a caer por causas todavía no determinadas al adoquinado húmedo. Un pincel que pinta solo colores primarios. Algo en este cuadro debería estar en foco, por lo menos un poco.
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VOY 234
“VOY 234” Dejó la mujer escrito en la mesa.
Ahora descansa sin vida en el suelo. ¿Qué querrá haber dicho marcando aquellas iniciales en la madera con un cuchillo?
Tendrá algo que ver el 1º piso donde vive con el 2,3,4? ¿Será la patente de algún auto? ¿Iniciales, números de letras. B. C. D.?
Puede ser un mensaje oculto, solo tiene libros de cocina en sus estantes y ningún estudio terminado.
Al revés se puede leer HEZ HOA, al derecho VOY 234, BCD, Voy d B’s C’s D’s en cuatro, cuartos…
Estoy pensando demasiado, pensé.
Dejó la cocina y se retiró con su anotador al dormitorio de la víctima.
No tenía marcas, no hay sangre, no hay signos de fuerza.
Pienso, y de reojo miro cajones.
Su cuarto.
Encuentro en la almohada, desde lejos lo veo: VOY 129.
Corrió al baño, abrió el espejo y encontró al asesino. 15 frascos de medicamentos vacios, ordenados por el tiempo.
Eran anotaciones de pruebas con píldoras. VOY 133
Creo que abría estado jugando con la muerte o con la vida; o habrá sido un ratón de laboratorio.
Inmediatamente se hizo un comunicado a la central de investigaciones con los datos de la empresa del psicofármaco. -
Pedro y el Loro
Pedro, Roberto, Pepe, Nadina. Pepe es un loro. Pedro es quien lo cuida. Roberto maneja un taxi, también cuida a Pepe, pero no conoce a Pedro. Nadina tuvo un sueño donde Roberto aparecía.
Ahora habría que describir toda la historia de estos personajes de una forma única e interesante, pero esa forma no existe. Porque el loro lo único que puede hacer es hablar, planchar, jugar al bowling, fumar un cigarro y escribir novelas sin personajes. Y Nadina tiene en sus sueños visiones de lo que ya pasó en la realidad, o no sabemos si la realidad obedece a los sueños de Nadina, como por ejemplo el árbol que amaneció pintado de rojo un domingo. Nadina soñó que lo pintaba una jirafa, pero la gente en la vida real se encontró con el árbol rojo sorpresivamente, sin haber visto quien lo pinto, y sin rastros de una jirafa. Y Roberto maneja un taxi y se pelea con el loro porque este le reclama que ya no le dedica tiempo a su relación, que no es el mismo desde que tiene un diesel, y otras cosas que no se pueden mencionar en este documento.
Así que oficial, esto es todo lo que puedo decir con respecto a hoy y ahora de lo que esta pasando en la calle donde vivo. Espero que nada de esto interfiera con su investigación. Yo se que hay un asesino suelto y que dicen que esta loco, pero en mi cuadra no pasa nada raro.
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Lo que se dé
“Lo que se dé”, en las manos (es un papel).
Se tropiezan las hojas,
se rompen algunas raíces
y se plantan nuevos recuerdos.En tu mirada desafío el envejecimiento,
ayer, y hoy es el mismo.
Utopía o realidad, o a quien le importa,
futuro en el presente y el calor en las manos por todos estos años de gente.¡Este es el camino hacia un año sin imágenes!
Y el mandato no es tortura, es vida de lo imprecedente.
Y
Un recorte del diario con el título “Lo que se dé” salió volando por la ventana. Aterrizó en un ombligo de una plaza el viernes después de (probar) 20 zapatos rotos y una (película) italiana, el piso estaba pegajoso, un grito (en silencio) en su cabeza, y sin electricidad para el ventilador esa tarde de verano que el único viento(*) se llevó el diario.—————————————————————
* (…o el viento único? el viento es único cada vez. importa aclarar que por un acuerdo firmado en el siglo XII se dejaron de contar los vientos y se llamo solo “viento” a cada fracción de viento diferente al viento anterior. Habrían tenido problemas los aldeanos de York al hablar del viento 18899823678657234, cuando en Madrid se estaba en el viento 267823462348917468, la cuenta era claramente absurda de mantener, pero muchos reconocen que ahora se habla del viento como una entidad única y se perdió la noción de impermanencia en algo tan impermanente como los hijos y familiares del primer viento. Así también han sufrido todas las cosas impermanentes, que de hecho son todas las cosas que hay, por simplificar la numeración que alcanzaba digitos imposibles de recordar hemos, en el marco de la asamblea del siglo XIII, dejar de nombrar los cambios en la existencia de dichas cosas, pero repito, ahora, por desgracia, nos hemos olvidado de la impermanencia de todo, de que nada nunca es igual. Este texto ya ha de haber cambiado millones de veces, una en cada lectura, en cada pantalla, y vos (ni yo a veces) ni siquiera nos damos cuenta ni somos los mismos. -
despertar meditando
La red neuronal se extiende de papel a televisión, pasando por las conexiones de Internet. La cabeza gira. Un hombre se levanta solo en su cama, repite diez canciones en forma aleatoria, sin orden, pero de la misma forma que las escuchó. Está perdido, no encuentra un punto de referencia propio, no sabe lo que realmente siente porque fue dictado las últimas 24 horas por aparatos aleatorios que lo dejaron mareado. No escuchó ninguna canción elegida por él, sino que una cuenta matemática de un reproductor le fue ofreciendo una ensalada musical que él escucho llevado por su sed ansiosa. Llevado por esta sed de búsqueda, fue oliendo noticias en diarios, mirando programas repetidos en la tele, y se fue a dormir con una incertidumbre que no acostumbraba.
Se despertó entonces mareado por dentro, firme por fuera. Parado en medio de su cuarto no hizo mas que dudar en vez de avanzar a la nueva avalancha, la misma que ayer había sufrido. Se quedó con la duda de: ¿Qué hubiera leído en el diario, y de que hubiera visto en la tele y de que hubiera escuchado en su computadora? ¿Porque surgió la duda? ¿Porque surgió el freno? Pero la comodidad de tener la duda le fue de mayor satisfacción que la respuesta que esta podría tener, dejaba en el aire así una suerte de remolino que esta vez, este día, no lo llevaría dentro. Parado ahí hizo en unos breves 3 segundos el resumen mental de lo que recién fue explicado. Permaneció en silencio.
Inmóvil. Y así sigue ahora. No se anima a dejar que un pensamiento lo lleve. Deja todo pasar, menos a su integridad de estar en el presente. Su necesidad de ir al baño la reconoce como un reflejo, un hábito, y ve que realmente no es una urgencia, entonces pasa eso, como la necesidad de moverse, el quiere estar quieto, quiere conocerse, saber cual es su verdadera …emoción? No. Que es lo que esta pasando dentro de él que no este influenciado por lo que entra de afuera, algo así es lo que esta buscando en la quietud. Porque quiere ir en busca de una canción que se refiera a lo que le pasa a él, y no que una canción le dicte un sentimiento al oído que no es el suyo. Primero su mente como un viento lleno de cosas vacías lo mueve, pero él permanece ojos abiertos firme frente al pensamiento, descifrando cada segundo, desbloqueando lo que sea que su mente arme. Lapsos de silencio se van armando, y los recibe con gran gozo. Ojos abiertos, despierto, presente infinito, sentidos inmensos, relajado y atento al mismo tiempo. Un océano de tranquilidad invade su existencia, encontró su emoción: paz.
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Cielo Corcho
Héctor llegaba a la casa de sus amigos y a cierta hora y con cierta mirada agarraba un libro por su tapa, lo sostenía por encima de la altura de su pecho, con el brazo extendido, comenzaba a soltar las hojas y con el dedo pulgar frenaba sin aviso, en una página, sin mirar usaba la mano izquierda para arrancar esa hoja y la guardaba bruscamente en su bolsillo. La gente lo miraba perplejo, pero al terminar su magia, todos volvían a la conversación que estaban teniendo como si nada. Si las personas ya estaban acostumbradas al acto errático de Héctor o no, queda por comprobarse. Lo cierto que es que Héctor repetía la maniobra una vez por semana, lo venía haciendo durante meses. Empezó un día de Octubre y ahora venía por Junio.
Llega a su casa, saca la hoja de su bolsillo izquierdo de su campera de cuero marrón clarita, la abre, sin leer extiende su mano derecha sobre la mesada, agarra un chinche color rojo y la pega en su pared de corcho gigante.
En su living tiene esta pared de 2 metros por 2 metros de corcho donde tiene enchinchado todo tipo de hojas de libros robados, todas arrancadas, algunas arrugadas, queda espacio para 20 hojas más. Las coloca sin orden. “Sin orden aparente” le gusta decir.Tiene una teoría sobre el orden de sus hojas.
Dice que va a encontrar un cuento escondido entre la líneas de todas las hojas, uno de los varios, ya que habrían varios cuentos por descubrir. Dice que como el orden desordenado de las estrellas, las oraciones de estas páginas pueden alinearse formando un nuevo orden, sin importar el día en que se escribieron, el autor, el origen, flotan en armonía como estrellas en su cielo corcho, queda en él la misión de encontrar las conexiones entre las oraciones.
Héctor no es un loco, no es esquizofrénico ni nada por el estilo. Él es un administrador de cuentas en una importante inmobiliaria. Hasta hace poco no podía diferenciar Cortázar de García Márquez. Porqué habrá empezado a arrancar así las hojas y en un rapto de soledad instalar el corcho de 2 x 2? Quizá ni siquiera él mismo lo sepa.
Continuará…

